Preludio

Posted: 20 enero, 2011 in Sin categoría

Llega sin aliento, como siempre. Qué puntual es para unas cosas y qué poco para ir a ese sitio, siempre igual. Aún así, reduce el ritmo cuando se acerca a la puerta. Le encanta pararse a escuchar las melodías mezcladas; ninguna se escucha con claridad, pero no importa, son sólo un símbolo de lo que encuentra al cruzar la puerta cada día.

Saludo a la derecha, vistazo a la sala de enfrente por si hay alguien conocido, y directa a la escaleras corriendo, que llega muy tarde. Dentro, música oriental, y después un poco de romanticismo fuera de lugar, “demasiado pasional”, le dicen… Más saludos, rutina desde hace ya unos cuantos años. Y aún así, le seguirá dando pena cuando un día tenga que irse. Ya se ha acostumbrado al mal olor de los baños, a las paredes de hospital, al calor sofocante en invierno y verano. Siempre pasa, cuando te acostumbras a algo, se escapa.

Y, a pesar de la costumbre, siempre hay algo que le sorprende. Una cara que no había analizado antes, un saludo que no esperaba pero que ha llegado, un encuentro nunca imaginado en ese sitio que antes le agobiaba. Quizás lo más sorprendente era lo último. Por la persona, el lugar, y el encuentro en sí. Terminó con música, por supuesto, no podía ser de otra forma. O debería decir que empezó con música, que siguió con música.

Porque era exactamente eso, música. Una sensación, algo que no se podía frenar. Dos melodías en contrapunto, siempre llevándose la contraria, pero ejecutadas de tal forma que alcanzaban la perfección, como si de Bach se tratase. Llena de respiraciones, muchas veces a contratiempo, accelerandos y ritardandos, silencios. Fortes y pianos.

Y parece que no llega la cadencia final nunca. Que su compositor quiere alargar el momento, la película, la obra, hasta que ya no le queden más recursos, o hasta que el destino decida. Que seguirá repitiendo con variaciones que cada vez hacen la mezcla más intensa. Más pasional. Más perfecta.

Capaz

Posted: 17 enero, 2011 in Sin categoría

Se sienta al final del todo del autobús, como siempre. Y de espaldas al conductor, por supuesto, otra manía suya. Igual que la de escribir en los cristales empañados. Siempre respiraba muy cerca de la ventana, para que se quedara un círculo sobre el que dibujar. Esta vez se sorprendió marcando un corazón, e inmediatamente se echó a reír. Iban a pensar que estaba loca, aunque en realidad debía estarlo.

Un corazón, por favor…La que había jurado dejar su lado romántico escondido en el cajón donde se quedó encerrada la sombra de Peter Pan. Ahora ese lado “oscuro” se ayudaba de aguja y dedal para escapar por la cerradura. Y todo por culpa del destino.

El autobús sigue avanzando, y de nuevo le entra la risa floja. Vale, ahora sí que van a pensar que está completamente loca. Pero no ha podido evitarlo, ha visto a dos enamorados besándose en un portal. Otra cosa que pensaba que nunca iba a hacer, demasiado de película.

Curioso el destino, ocurre algo en tu vida y automáticamente, aparecen por todos lados señales que te lo recuerdan. Sea bueno o malo, o raro incluso, desde luego nada te deja olvidarlo ni un segundo. Ni siquiera tu subconsciente. Un segundo tras otro sigues recordando un olor, un sabor incluso, una risa, un quiero y no puedo. Una alarma con un “te quiero” escrito, o con un “quiero besarte”, más escenas de películas. Una tarde con banda sonora deseando que se pare el reloj de la estación, que vuelva a sonar la música y una respiración en el oído.

Un juego, al fin y al cabo, pero es su juego.

 

Terremoto

Posted: 26 diciembre, 2010 in Sin categoría

Eres una montaña rusa, me sueles decir. Yo diría más bien que eres un terremoto, un terremoto de sentimientos. De repente dos placas chocan, hacen que me tambalee, y ya no sé dónde puedo sujetar. No sé dónde mirar, qué decir, qué hacer. No sé qué haces conmigo.

Imagino tu sonrisa cada vez que haces eso. Pero en vez de tranquilizarme, produce el efecto contrario. De nuevo se me acelera el corazón, me quedo sin respiración.

Y el terremoto siempre tiene banda sonora. Siempre. Depende del día y de la hora. Depende de lo que acabamos de decir, o de lo largo que ha sido el silencio. Y siempre, SIEMPRE, me deja temblando.

Aún así, tengo ganas de abrazarte, de no soltarte nunca. Estemos lejos o tan sólo a unos centímetros.

 

Justo cuando parece que ya no puede temblar más, ocurre. Pronuncias esas palabras. Y todo lo demás, me da igual.

 

No quiero frenar, nunca

Posted: 15 diciembre, 2010 in Sin categoría

Era un lunes. No, un martes…¿O era un miércoles? Qué más da. Era un día, a una hora, de un año.

Fue entonces cuando eso que llamamos destino decidió que tocaba cambiar el guión. Y apareciste en el escenario, decidida a interpretar lo que casi podría ser un monólogo. Y tu único público en esos momentos soy yo. Yo, esperando a ver qué es lo que se te ocurre improvisar. Observándote, incluso cuando el escenario esté a oscuras. Escuchando hasta esos silencios que lo dicen todo.

Y tengo ganas de que se repita la función día tras día y noche tras noche, hasta las 4:26 si hace falta. Y volver al día siguiente, donde sea, y saber que vas a estar ahí, una vez más, haciéndome todo más fácil. Consiguiendo que mi estómago se encoja, que se me quede esa cara estúpida y no tenga ninguna palabra, aunque sea vacía, para ti.

Sólo me queda mi tiempo y mis sonrisas, que compiten con las tuyas. Y mis ganas de hacerte feliz, sea como sea.

 

 

Kiss the rain

Posted: 4 diciembre, 2010 in Trozos de cielo

Está lloviendo, o eso huelo yo. No me gusta la lluvia, me recuerda a ti. Pero me gusta mojarme, y también me recuerda a ti. Entonces me vuelves a pedir que me vaya contigo. No sé ni a dónde, y creo que tú tampoco. La diferencia está en que a ti te da igual. A mí no.

¿Por qué seguimos hablando? Era mucho mejor antes, cuando ni nos conocíamos ni sabíamos que íbamos a conocernos. Todo es mucho mejor cuando no sabes que va a pasar. Cuando no tienes que pensar por qué pasó, porque no ha pasado. Va, déjate de dramatismos, en realidad no piensas eso. No haces más que comparar y comparar, con lo que es y lo que fue, con lo que podría haber sido, con lo que son otros.

Me iría contigo, no lo dudes. Me da igual a dónde, y quién vaya con nosotros. Sólo por el hecho de atreverme, de no haberlo hecho nunca antes. De saber qué se siente por una vez haciendo algo que de verdad quieres. Lo que yo quiero es conocerte bien, saber de verdad si eres como pareces o eres como todo el mundo, simplemente una puta máscara. Porque de verdad que no lo sé, es imposible descifrarte.

Me cuentas cosas de ti, de qué es la vida según tú, y me dices cómo debería ser en realidad. Intentas darme lecciones morales, y lo odio, pero sigo escuchándote embobada, como si de verdad me importara. Pero no me importa en absoluto. Ni me va a importar, porque todo lo que dices es para hacerme creer que eres alguien por cómo hablas. Y a mí me da igual cómo hables, no te enteras de nada.

Y vuelves a hacer lo mismo, te escondes detrás de tu mal humor. Cuando ya te has quedado sin alguna reflexión inteligente, o te molesta que yo hable de mí. Y aparece la misma contestación desagradable que hace que yo me eche para atrás una vez más. No te enteras de nada. Y al rato, me vuelves a pedir que vaya contigo. Para adelante, para atrás, eres siempre igual. No te aclaras ni me dejas aclararme, siempre juegas al despiste. Sigo esperando al día en que te diga que sí, que me voy contigo a dónde sea, y justo dos minutos después reciba una carta de despedida.

Y sigo sin conocerte, entonces. Ni siquiera físicamente, con lo cuál no puedo odiarte. No tengo una imagen que echar por tierra, que escupir imaginariamente cuando me cansas. Hablo con alguien que en realidad no es nadie, que yo he ido formando a mi gusto y disgusto. Una persona, pero no MI persona. Por eso apareces y desapareces entre la nieblas, porque en realidad no eres más que un personaje imaginario de mi película. Entras y sales de escena, o eso creo yo. Porque sé que nunca entrarás del todo, que al final no habrás aparecido más que en una corta e insulsa escena, que a mi se me está haciendo eterna.

 

1026

Posted: 2 noviembre, 2010 in Sin categoría

He vuelto a mirar vuestras sonrisas. Esas sonrisas de las que ya he hablado, que cada noche, cuando cierro los ojos, se me aparecen como un cartel luminoso. Son sonrisas que me recuerdan qué hago aquí, que me recuerdan que no puedo perder ni un segundo en hacer lo que de verdad quiero. Que, por supuesto, me devuelven al 2008. Y a 1991, incluso antes. Y al 2001, al 2002, al 2003…qué más da. Lo importante es que no pueden llevarme al 2011. Quizás a dentro de muchos muchos años, pero ni siquiera a mañana. Ni siquiera a esta noche.  Solo al pasado, una y otra vez.

VS.

Amargo

Posted: 19 octubre, 2010 in Sin categoría

Los besos de despedida saben amargos, eso lo sabe todo el mundo. O eso dicen. Aunque está claro que son los peores, porque son unos segundos de disfrute, de creer que tienes el mundo en tus manos, y, de repente, adiós. Adiós para un rato, o para siempre, pero adiós. Y sientes que has perdido el momento, pero también algo más que no sabrías describir. Como al comer un bombón minúsculo, enano, al que le das pequeños mordiscos deseando que no se acabe nunca. Pero se acaba, porque si lo guardas, al cabo de un tiempo ya no sabe como antes. Ha perdido precisamente ese morbo de saber que se va a acabar, de saber que ya no va a haber uno como ese ni aunque probaras todos los bombones del mundo. Ni aunque probaras todos los labios o mejillas del mundo, encontrarías uno igual a ese de despedida; ni aunque te despidieras de mil personas, mil veces diferentes, encontrarías uno igual, ni siquiera parecido.

Y entonces, ¿qué hacemos? ¿guardarnos la sensación del primer beso de despedida? ¿o buscar más para olvidarlo? Es curioso, hagas lo que hagas, la jugada te sale mal. Unas veces por recordar lo doloroso, y otras por olvidar lo especial.